La construcción del viaducto entre Ringuelet y Tolosa permitió reemplazar un terraplén inestable que limitaba la velocidad y la seguridad de la circulación ferroviaria. La nueva estructura elevada mejoró las condiciones operativas de la Línea Roca, acompañando su electrificación y brindando mayor seguridad, confort y confiabilidad al servicio.
Además, la obra favoreció el escurrimiento superficial de agua y redujo el efecto de barrera que generaba el antiguo terraplén durante lluvias intensas.